Si me acompañas

Ahora estoy leyendo
¿Quién es mi yo? de Ayya Khema
si te apetece, me acompañas.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Poner el corazón en orden

Hace dos años para celebrar mi cumpleaños, por diciembre, decidí hacer un retiro de silencio y meditación. Poner el corazón en orden pasa para mí por bucear en el silencio.
Después de meditar y transitar espacios no tan habituales en aquel tiempo, aunque tampoco desconocidos, compartí con el maestro que llevaba las sesiones, algunas de mis vivencias ocurridas en ese silencio.

Me recomendó un libro que me regalaron aprovechando aquel cumpleaños, pero que yo no he abierto hasta hace una semana. Incapaz de comprender en aquel momento lo que leí al hojearlo, parece que ahora estoy más perceptiva, pues me ilusiono, subrayo, releo, me alegro en sus letras y lo que ellas, más allá de contar, vibran.

En ¿Quién es mi yo? de Ayya Khema se dicen cosas como:

"Cuando las palabras son estrictamente intelectuales, no alcanzan nuestros sentimientos, pero cuando las palabras que decimos o escribimos proceden de la experiencia interior y son sinceras, siempre están impregnadas de "estremecimiento por el bien de todos los seres vivos."

Y sigo leyendo...

martes, 3 de septiembre de 2019

Los inicios


Tiene Bergman (el director de cine) un libro autobiográfico que se titula Las mejores intenciones, y cada vez que empieza el curso o el año o ante cualquier inicio marcado por el calendario, un planing o un sentir, recuerdo este libro, su título sobre todo, y la edición deTusquets que tenía cuadritos como los de la bandera de meta, como un inicio marcado no por un resultado, pero sí por una propósito.



Bien, pues septiembre me parece un inicio donde ordenar la mente, el corazón y la agenda; donde plantearse y escoger hacia donde van los sueños. Y cuáles son los primeros pasos para que el sueño se alcance, para no entrar en ilusionismo, sino para cocrear una vida rica en nutrientes, en sabor, en vínculos, en bondad, en justicia, en alegría, en imaginación, en generosidad, en libertad, en amor, en acción...

...en las mejores intenciones.

domingo, 23 de junio de 2019

De madera las letras


¿Hechas, de qué están las palabras?
De aire
De sueños
De preguntas
De defensas

Hechas de mí, quien hablo
De ti, hechas, que escuchas, hechas


(en algo así trabajo ahora, para la Exposición de unos amigos que promete-n. Y cumplirá-n)



jueves, 6 de junio de 2019

I+D




M y C han tenido un niño precioso. M trabaja y espera a tomar el permiso de paternidad en unos días. C descansa y está con Q, el recién nacido.
A D, amiga de ambos, se le ocurre crear una parrilla, a modo de horario, en el que los amigos puedan apuntarse en la franja de tiempo que tengan disponible para ayudar a la pareja primeriza. Así C puede descansar y estar por Q todo el tiempo. Y cuando M vuelva del trabajo, puede quedarse hipnotizado ante el cuerpecito de Q y acurrucarse con su nueva familia.

D se lo cuenta a I. Y a ésta le parece una gran idea, decide colaborar aun no siendo tan amiga de M y C. Se apunta en la parrilla, le dan una copia de las llaves de la casa, y el miércoles de doce a seis se presentará allí para lo que surja.
Mientras la madre y el bebé están en la habitación y la gata pasea por la casa, I intenta ver cómo puede ser útil. Así que después de dar la bienvenida a Q a este mundo, saludar a C y darle la enhorabuena, le pregunta sobre qué necesita. Cosas que hace I: Saluda a la gata para que no sienta celos de la nueva situación, prepara comida para C, deja hecho algo ya para la cena, entra en la habitación para charlar un poquito, le pide si puede limpiarle la casa, limpia la casa, toma un libro de la estantería, se prepara un poco de pan con queso, lee y come, acaricia a la gata mientras mediosiestean –la gata e I-, recoge las cosas de la habitación convertida en nido, friega los platos, abre la puerta al amigo que toma el testigo, J. Y se va.

A I le ha gustado formar parte de algo tan sencillo y practico, útil y amoroso, fácil y de ayuda. Al otro lado de la puerta de la habitación una madre cuidaba a su hijo, podía darle además de alimento y sueño, paz, la paz de quien se siente sostenida por una red, un grupo, una familia, una comunidad. Porque las comunidades tienen muchas formas, aunque el fondo de todas esté hecho de amor. Me imagino que en otros tiempos o, tal vez aún hoy, en otros lugares, también se hace eso de cuidar los unos a los otros en la intimidad más profunda del hogar. Y la pieza clave y, a veces, no lo vemos, es dejarse cuidar, abrir tu casa y tu confianza, tu vulnerabilidad y tu espacio a que otros te sostengan. Dejarse amar es todo un viaje, un aprendizaje, porque hablamos de dar, pero hay quien se ofrece a recibir para que la generosidad sea posible, hay quien entrega su fragilidad y la muestra para que otros puedan mostrar su capacidad de algodonar las vivencias.

Como muestra de gratitud, M ofreció la casa que su familia tiene en un pueblo de playa, a D y a I por unos días. De nuevo otras llaves estaban en las manos de I para contarle entre otras cosas que hay muchas personas que ofrecen sus llaves. Con las llaves como con el amor pasa lo mismo, pueden tener formas diferentes, pero se reconocen.
Al llegar al pueblo de playa de M. Esto es lo que vio I. A veces lo esencial se camufla. Hay que estar bien atentos.