Si me acompañas

Ahora estoy leyendo La Divina Comedia, ya sabes, de Dante Alighieri, si te apetece, me acompañas.

lunes, 8 de marzo de 2021

Ella a sus ojos era lo mejor del mundo



 

En los años 30 Val del Omar se enamoró.

Ella a sus ojos era lo mejor del mundo. 

Su olor.
Su cabello.
Su presencia.
Ocupaba el lugar exacto entre sus brazos y entre ellos gritaba a los cuatro vientos todo el amor que sentía.
Gritaba tanto que despertaba a los vecinos, gritaba tanto que rompió el cristal de las ventanas.

Estaba tan lleno de amor que a nadie le extrañó que el 3 de mayo de 1932 explotará su corazón en mil mariposas.

 


 

 



viernes, 27 de noviembre de 2020

Voz a domicilio

-hola, ¿puede venir a decirme palabras bonitas?
-es usted hermosa.
-no, no piropos para mí, palabras bonitas, palabras fonéticamente bellas.
-ensoñación, alféizar, tal vez,  feldespato, estruendo, lágrima.
-gracias, es usted muy amable.
-cachivache, artefacto, belleza, cocodrilo.

Escena imaginada un viernes tarde en mi nosofá, a propósito de un cartel y la lluvia.

 


 

martes, 24 de noviembre de 2020

Lo titulé "Jauja"

Quiero nadar sin guardar la ropa.

Quiero pedirle peras al olmo.

Quiero estar un rato en la luna de Valencia y me gustaría que te vinieras.

Quiero decir “de este agua no beberé” las veces que me dé la gana.

Quiero construir mi casa empezando por las ventanas, será una casa con dos puertas pues no tengo nada que guardar.

Y mientras miro a 101 pájaros volando quiero pedirle a Dios que me ayude también cuando me levante a las 12 y que dé pan a quién tiene dientes y dientes a todos.

Quiero desenmascarar a los gatos que no son pardos y a lo que solo por relucir finge ser oro.

No quiero esperar a vencer en la tercera ni a que venga a cortarme la barba el mismo tipo que se la corto a mi vecino. Y a los tontos que comen pan con pan quiero regalarles chocolate.

Quiero defender a la mona acusada de fea y a la astilla iconoclasta y al que empezó mal. Y al que mal anda quiero proponerle volar juntos.

Quiero mojarme el culo para coger peces.

Quiero hacer hoy lo que quiero hacer hoy.

Quiero poner buena cara haga el tiempo que haga.

Quiero pensar que es verano con solo una golondrina.

Quiero pedir pan y cebolla para 2.

Quiero que no haya gota que colme el vaso, que sobre gustos siga sin haber nada escrito, que el amor no necesites ser ciego.

Y, sobre todo, quiero que si te he visto, me acuerde.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Se llamaba Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, nació el 11 de noviembre de 1821

Dostoyevski es el examen que más recuerdo de la universidad. “Tolstoi o Dostoyevski”: esa fue la pregunta. Literatura rusa, era la asignatura. Ricardo San Vicente, el profesor. Yo estudiante de hispánicas con escarceos por otras tierras literarias.

Dostoyevski es el libro que elegí cuando un amigo me dijo "elige los que quieras", Memorias del subsuelo y también un poemarío de José Hierro.

Dostoyevski fue la casa que busqué en Moscú. Emoción de ver las paredes que habitó. Alexis dice que soy la groupie de Kafka, no sabe que soy la de Dostoyevski también.

Dostoyevski es Los hermanos Karamazov en su versión teatral de 9 horas en polaco con subtítulos en catalán, dirigida por Krystian Lupa, que vi con mi hermana en el Teatre Lliure en el 2005.

Dostoyevski fue la caja de música que Oleg hizo para mí.

Dostoyevski fue saber que se puede sentir de una determinada manera que parece locura, pero que no debe serlo tanto, porque otros estuvieron ya ahí.

Dostoyevski fue (y será, una nunca deja de amar a quien amó) uno de mis grandes amores literarios y espirituales.

Hay muchos acontecimientos en su vida que me fascinan, tal vez el que marca el punto de inflexión el que más.

Colaborar con grupos liberales y revolucionarios en la Rusia zarista le lleva a ser condenado a muerte y está a dos minutos de ser fusilado con plena consciencia del instante. “No puedo creer que me vayan a fusilar”. Es indultado, junto a todos sus compañeros. Recién rebocada la condena escribe a su hermano. Ante la muerte que parecía inminente sus últimos recuerdos habían sido para Mikhail, uno de sus seis hermanos, y para los hijos de este, y siente en ello que lo ama, “te quiero, amado hermano mío”, y así se lo escribe en una carta antes de ir a la cárcel en Siberia, donde leerá por primera vez el Antiguo Testamento y, probablemente, los Evangelios. 

10 años le costará la condena de trabajos forzados y estancia en una cárcel siberiana en el siglo XIX. Hasta 1857 no recuperará por completo su libertad. Tiene 36 años cuando retoma la fama que con Pobres gentes había probado a sus 24.

Luego llegará su Crimen y castigo y todo lo demás...

 


 





martes, 3 de noviembre de 2020

Cuando estás triste

Cuando su madre murió, le regalé a R este libro.
Creo que todo el mundo debería tener un libro para mirar cuando está triste. Y que, al mirarlo le haga sentirse entendida, que le permita sentirse triste, que le permita sentirse como le de la gana, pero acompañada. Eso creo.





Para  mí, este es uno de esos libros.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Ruda


En otras ocasiones de mi vida, ha ocurrido algo similar, sin embargo, esta vez tiene tintes de algo muy nuevo, me refiero a sentir que se acaba una etapa, que las motivaciones y los retos que sostenían hasta ahora mis días, ya no lo hacen. No es algo intelectual, es un sentir. Tal vez una intuición, un recuerdo futuro. De ahí que me decidiera este agosto, aunque la idea me rondaba hace tiempo, a hacer una dieta con plantas, guiada y sostenida por Víctor.

Al tomar la decisión, empieza el juego, muchas ganas y un tanto de respeto por el viaje y por las lateralidades que eso provoca; alguna resistencia que se salvó con relativa facilidad. Y el "ahí vamos".
Del 8 hasta el 23 de agosto. 15 días en los que, como explicaba a los cercanos, desde la austeridad y el silencio dejaría atrás una etapa, desde el agradecimiento y con conciencia, para dar paso a algo nuevo que busca nacer. Que fácil es hablar de "lo nuevo", y que escucha necesita, realmente, tomar "lo nuevo". Transitarlo, atreverse, porque como nuevo, no reconozco que sea para mí, que sea mi camino. Ni siquiera lo veo. Aunque esté, a veces, hasta con simbólicas letras de neón señalándose.

 

 


 

Llegar a casa de Víctor y Gemma es siempre llegar a casa. Fácil, bonito, cómodo, libre... no la comodidad de la dejadez, sino de la acogida. Y ahí empieza el viaje.
Los primeros días son de ir llegando al espacio y al propio cuerpo, es soltar los pesos fáciles, y abrocharse el cinturón de despegue, es tomarse el pulso. Luego, los baños, la toma y el contacto con la planta, en mi caso, la Ruda, me llevaron a otro tramo del camino. Amiga, hermosa y sabia Ruda, como yo le llamaba en esos días. La comunicación con la hermana Ruda es rica, creativa, ¿qué más puedo decir? Se parece a un álbum de fotos, a miles de ventanas del ordenador abriéndose, a una canción tarareada, a muchas lágrimas, a un silencio compartido, a un gesto, a un beso de los primeros besos, a rincones aparentemente olvidados de la vida, a una caricia, a una verdad sin juicio, ... Recuerdo a Víctor, diciéndome "pregúntale a ella", cuando surgía una inquietud, "cántale, háblale y escúchala". Y eso hice. Le escribí, le dibujé, hablé con ella. Y claro, la escuché... Ahora hablo sobre ella como quien habla de una amiga cercana. Así lo siento, es loco y orgánico, es extraño y muy sencillo a la vez.
Me emociono, porque fueron días muy hermosos, de intimidad, de recogimiento, de naturaleza, de conexión, de bella soledad, de tiempo. Me emociono porque aunque me acompaña, la echo de menos, aunque está en mí.
Me contó, me susurró, me hizo cantar y dibujar y escribir tantísimo. Y como dicen que pasa la vida frente a ti en el momento de la muerte, así me sentí, en el juicio final; que no es juicio, que es observación, revelación, comprensión. Muriéndome, mientras agradecía, lloraba o reía; mientras me contaba de mí y de mi historia. Muriéndome para volver a la vida. 
Recuerdo el día en el que el gallo Paco cantó y me fue regalado un amanecer, y las lluvias de estrellas; las arañas hermosas y el presente constante. La sensación de ser una suertuda por poder vivir ese momento exactamente de esa manera. La gratitud por encontrar a personas generosas en mi camino que hacen posible algo así, sencillo y enorme. Recuerdo a la Ruda del mundo animal y a Rolo, el gato, el huerto y las luchas internas, un momento de gozo, y el descoloque. Mis demonios reconocidos, presentándose ante mí con sus nombres completos. Mi cadera contándose. Mi boca pronunciando palabras que en su día no dije. Lecturas, sueños, fantasías y conversaciones. Y un perdón que lo cubría todo y tantas otras cosas que me guardo por timidez, por pudor.
Recuerdo expresar ante la naturaleza que me acogía, ante la Ruda que me acompañaba, cerquita, creativa y cuidadosa, mi pregunta y mi deseo con pasión y hasta exigencia, con la certeza de que la pregunta y la disponibilidad abren puertas.
El último día, los últimos, sentía que estaba en la recta final, ya de regreso, que quedaba poner un punto al trabajo hecho, que acabaría de recoger los frutos al volver a casa y poner orden. Sin embargo, el punto final, fue para mi el principio, un momento indescriptible de una comprensión mayor. Cuando creía que iba a entender, asegurar, poner cimientos a lo que vendría, justo entonces los cimientos cedieron y nacieron más preguntas, los frutos estaban hechos de un material nuevo. Y un nuevo nocamino parecía vislumbrarse, esa era la no respuesta a mi pregunta. Mi petición, paradójicamente, era escuchada y respondía de esta forma, la forma perfecta.
Dejo mucho por contar o, tal vez es al revés, conté demasiado.
Aún así, me quedan cosas en el tintero, como que la comunicación con seres de otros reinos nos revelan partes de nosotras; que no es esa "utilidad" de las plantas, pero sí su entrega y servicio. Que a más silencio, más fácil es escuchar la vida. Y que la vida no está fuera.

Me llevo en el cuerpo amor, alegría, dulzura en el corazón y fe. Y más preguntas que cuando llegué. Gracias por tanto.

 

 https://amoryayahuasca.blogspot.com/    

 

 

 

domingo, 4 de octubre de 2020

Escaleras

Mi casa está en el cielo

Pero yo vivo en la tierra

Donde otros ven muros

Yo veo escaleras