Si me acompañas

Ahora estoy leyendo La Divina Comedia, ya sabes, de Dante Alighieri, si te apetece, me acompañas.

lunes, 18 de mayo de 2020

Soltar la mano

Soltar la mano consiste en escribir antes de escribir.
Hay quien sigue un diario. Un blog. Una cuenta de Instagram. Así se suelta la mano con la excusa de contar una foto o una publicación. Yo que soy proactiva e indecisa, hago las tres cosas y alguna más cuando se me ocurre.
Soltar la mano, como soltarse el pelo o el cuello, todo es lo mismo. Atreverse a contar sin filtro, sin propósito, sin inhibición. Y también sin “que dirán”. Sin juicio.
Siempre que hay un sin hay un con.
Así que, soltar la mano con juego, con toda las teclas, con todas las ganas. Con el corazón y también con el intestino, que dicen que es el que siente.
Y a mí esto me recuerda un día conversando con una monja que me giró el “ojos que no ven, corazón que no siente” a “ojos que ven, corazón que siente”.
Pues va de eso, claro, que a más ver más sientes.
Más miedo, más sensibilidad, más estómago encogido.
Y como siempre que hay un “sin”, hay un “con”.
Más luz, más amor, más vida.

Me gusta la gente que gira las frases, que gira la vida y la manera de mirar.
Me gusta que para vivir haya que atreverse.



jueves, 14 de mayo de 2020

La respuesta a Jarmusch es siempre afirmativa, dice Federica

Sobre gustos, dicen, que no hay nada escrito, pues ya lo hago yo.
Escribo sobre gustos: facilita las cosas coincidir en gustos.

Tuvo a bien la vida que pasara este confinamiento con dos personas de gran calidad humana, buenas, divertidas y, muy importante, con gustos, haceres y respetos parecidos a los míos.

A favor estoy de enriquecer la vida con prismas y sabores distintos; maravilla ver cosas que nunca había visto, pero nada de eso riñe con que si el sentido del placer se asemeja el camino es más plano. Es francamente bello estar en silencio y compartir algo hermoso, recibido desde sensibilidades que disfrutan de un código diferente pero que se hermana en la belleza, es difícil explicar no es que pensemos lo mismo ni veamos el mundo igual, solo que donde nos encontramos es en la poesía de la vida, en los códigos visuales en, tal vez, entender la vida en su manera de expresarse. 
 
No tengo ni idea de contarlo, solo sé que la vida tuvo a bien que pasara este confinamiento con dos personas a las que también les gusta Jim Jarmusch.




No recuerdo cuando fue la primera vez que vi una película suya. Sí sé que en Lisboa, Peter, hace 20 años me dijo que mi vida era como la película Vacaciones permanentes y la ví, porque la echaban en la Cinemateca y porque quería saber cómo se veía mi vida desde fuera.
Dudo de si ya había visto Stranger than paradise antes, por eso, quiero buscar en mis diarios de aquella época, pero no sé por dónde empezar. Entonces, recuerdo que a Peter lo conocí en la presentación y firma del libro A caverna de Saramago (esa es una muy buena historia, tal vez, otro día) así que si miro la fecha que de puño y letra escribió Saramago en mi ejemplar, sabré que conocí a Peter el 21 de noviembre. Y de ahí seguiré tirando del hilo...

Como un gran dibujo de puntos, solo al final, solo cuando los unes, ves el dibujo completo.

Sobre la foto: http://www.perm-vacation.com/permanent-vacation-jim-jarmusch/

 

jueves, 23 de abril de 2020

Un buen día


 Lo bonito de Sant Jordi es salir a pasear, moverte entre libros, comprarlos, recibirlos, hablar con libreros, ir a los puestecitos de amig@s editores, escritores y demás, pasear y pasear y ver rosas de todos los colores y formas, carísimas todas, que te regalen una, dos o más, por amor o amistad o por...

Tomarte una caña en las travesías menos transitadas perpendiculares a la Rambla, y tomar el sol, porque en Sant Jordi en Barcelona siempre hace sol.

El Sant Jordi del año pasado fue perfecto.
Este año, bueno, al final Sant Jordi siempre resulta un buen día.




lunes, 13 de abril de 2020

Dos personas

Dos personas diferentes me envían dos fotos diferentes de hace tiempo. Una de hace unos 11 años, en invierno, no sabría decir el mes; la otra de hace dos años por estas fechas.
En la primera, somos un grupo, familia y parejas, delante de un bar en Barcelona, cerca de correos donde hacían un Spritz buenísimo. Visto de negro, y llevo una bufanda blanca y verde que me regaló un amigo y que me encantaba, por el camino perdí los dos, la bufanda y el amigo.
En la otra, estoy en Madrid, sonriendo, vestida de rojo, junto a Elisabet.

Elisabet y yo nos conocemos de hace mucho, siento que hemos vivido dentro de esta misma vida, unas cuantas, y hemos compartido las últimas. En estos últimos tiempos, los más recientes, quedamos por la mañana para escribir, ella en su casa y yo en la mía, nos saludamos y nos ponemos a ello. No nos contamos qué escribimos ni cómo va la mañana, ni siquiera cuando acabamos; a veces, a lo mejor, a media tarde, un mensaje... pero solo a veces. Compartimos la intención y la acción de escribir, eso es lo que sabemos, lo que parece. Y, sin embargo, hay más, eso es la superficie. Luego, está lo que no sé nombrar. Reconozco una sensibilidad común, unos ritmos similares, el campo en el que ocurre, las preguntas que nos hacemos... y aún siento que nado cerca de la orilla, que hay más profundidad. Voy más allá. Allá en lo profundo, no en la distancia. En lo profundo de las letras, de la intención, en los planos, en los cuerpos, en la vida...

Últimamente se me desdobla la realidad, lo que parece y lo que es, a veces, se podría confundir, ambas son verosímiles, como una persona y su reflejo. Solo en la orilla nado. Hay más. Es posible que incluso lo que ocurra es que "hay menos". La austeridad me resulta amable, del verbo "amar". De momento, acaricio lo que creo que hay.
Y escribo.

sábado, 11 de abril de 2020

Las cinco y diez

Alexis -me cuenta por teléfono- buscaba una libreta y encuentra una del rodaje de Segundo Primera, la película, de cuando nos vinimos arriba después de ganar por un cortometraje el Julius de Vic, pero eso es otra historia.

El caso, la libreta pertenecía al personaje de Lucía, que era escritora, pero escribimos también Marisa y yo y tal vez más gente. Escribíamos en ella porque si salía a cámara, la libreta debía verse escrita y no nuevecita, la letra daba un poco igual, no se distinguía bien. Y como diría Albert, si alguien se dedica a mirar si la letra de la libreta es siempre la misma o no, es que la escena es un fracaso.

Me lee un fragmento que escribió Lucía y nos reímos, es ocurrente y deja entrever el ánimo de aquel día de la actriz, eso sí con mucho humor. También me lee un fragmento que escribí yo: “Hace dos semanas que son las cinco y diez de la tarde”, también nos reímos, parece que hablemos de estos tiempos, donde el tiempo no pasa.

Escribí más referencias al rodaje, recordamos casi todas o todas y nos reímos.
Fue un muy buen año aquel.
Rodar una película es una de las cosas más maravillosas que te puede pasar. Entre otras cosas, aprendes un montón a trabajar en equipo. Algo así como no entrometerte en el trabajo de los otros y sí confiar mucho y hacer tu parte lo mejor posible porque va entrelazada a las otras partes.
Sí, algo así.

miércoles, 8 de abril de 2020

Me comparto

Me muevo en diferentes estados, emociones, fluires y agradezco cada uno de ellos.
Me siento en paz.
Intento un tanto por ciento de normalidad, para poder sostener; y un tanto por ciento de sensibilidad, porque soy humana.
Intento no juzgarme ni juzgar como cada una vive este momento, porque a cada una le tocó lo que necesita... por citar algún ejemplo, tengo una amiga que viviendo en piso compartido, le pilló sola la situación; otra, en la India..., hay quien está insomne, y quien duerme como un lirón.

Por mi parte, duermo muchíiiiisimo, me levanto tarde. Aunque, a veces, también me da por madrugar.
Y cada día tiene cosas diferentes, no soy muy de rutinas. Ni antes ni ahora. Hay días que desayuno largo y tendido mientras miro por la ventana. Otros, mientras charlo con mis compañeras. Otros, desayuno y trabajo a la vez.
Y así, con la escritura, los quehaceres de la casa, las sesiones de acompañamiento literario, las siestas, las meditaciones … cada día tene su ritmo, su afán, su inquietud, y su calma.

Siento que febrero y marzo me anticiparon lo que ocurre ahora. Transité el miedo, profundo; hice limpieza de cosas que aún tenía en la casa de mi infancia y también hice ayuno, limpieza en la alimentación. Gracias a una ruptura sentimental me despedí de muchas personas, amigos de facebook, grupos en las redes... y toqué emociones y sentires que buscaba hace tiempo (El amor perfecto del que habla San Francisco de Asís y que durante años me tenía reflexionando).

Encuentro herramientas maravillosas para caminar en este momento:
El libro que una amiga puso en mis manos “El arte de bendecir”, la dedicación como coach que me da oportunidades maravillosas, las meditaciones sin tiempo y con ganas (no diarias), el sol,
el agradecimiento, que es mucho, las personas tan cerca en lo físico como en lo artístico como en lo espiritual, mi familia, mis compañeras generosas...

Un pasito más... atenta estoy a acciones y situaciones. A la palabra. Al sentir propio. No a lo que debería sentir, sino a lo que siento.

Me sienta bien el silencio y la nada y, sin embargo, a veces me puede la inquietud del no hacer, de los “debería” o el llenarme de ruido, en cualquiera de sus formas.
Ganas de pasar de lo teórico a la experiencia. Ganas de aprender. Aprender a amar y a agradecer. Aprender sin más. Amar sin más. Agradecer. De la conciencia teórica a la vivencial...

...En ello ando.


domingo, 5 de abril de 2020

Una conversa

 -Doncs ja he arribat a un punt que estic per no sortir mai més de 🏡 I tu? Avui volia trucar-te, perquè fa dies que no se res de tu
-Ja sortirem i farem vinillos blancus als 3 tombs i fins i tot prendrem el sol i jo em fumaré un cigarret i tu saludaràs a tothom