Si me acompañas

Ahora estoy leyendo
Atrapa el pez dorado de David Lynch
si te apetece, me acompañas.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Un apunte

El árbol de la vida es un mapa, pero no es el territorio; un libro de instrucciones de una realidad más profunda.
Las letras del alfabeto hebreo son partes de ese mapa. Ellas construyen miles de trayectorias posibles, puentes, interrelaciones que tienen como telón de fondo la seguridad de conectarse, porque vienen y van al mismo punto, son la misma cosa. La unidad.

martes, 28 de febrero de 2017

Joaquin Costa con Peu de la Creu

Se llama Cedelina como su abuela que murió de pena cuando creía a su hijo muerto, de la Quinta del Biberón. Pero el hijo volvió y la madre ya no estaba. Lo cuidaron los nacionales, y por eso él siempre fue franquista, por agradecimiento más que por convicción. Y a ella, su hija, la llamó Cedelina como la abuela, como su madre a la que lloró y no pudo enterrar.

Cedelina me cuenta del colmado, el más antiguo del Raval, al menos, dice con la misma familia, 80 años, cuenta. Pero ahora no sabe, su marido murió, él sí tenía mano en el negocio, que lo había mamado de pequeño ya; que ahí donde ahora es almacén, hay cuatro habitaciones donde vivían, donde vivió su marido hasta los 8 años. Luego fue solo negocio, pero el año pasado murió, a nueve meses de cumplir los 65, y Cele que la d se volvió l no sabe cuando, escribe su nombre en un papel para que lo vea bien, que no tiene santa ni nada, que lo ha preguntado a algún cura y que por lo visto es nombre de flor. Cele ya está cansada, se le nublan los ojos y me señala la foto del marido que preside el colmado lleno de vinos, historia y turrones. Si su hijo se lo queda, bien. Sino lo traspasaran o no sabe bien.
Entra una vecina a comprar bombones, son muy buenos y solo por un euro, me dice la vecina, que así él, un él del que no cuenta más, mientras saborea el bombón no fuma y "mira, un poco mejor sí es", "aunque ahora va y le saldrá azúcar". Miro a Cele que me acaba de contar que su marido era diabético y que de eso murió. Pero ella sonríe y no le da más imprtancia al comentario de la vecina que se lleva tres cajas de bombones a un euro cada uno. Que los pruebe me dicen.
La vecina se va.
Y Cele y yo nos damos las gracias mutuamente por el ratito que hemos pasado.
Y yo que no sabía porque había entrado allí, no al principio, al menos, me llevo una caja de bombones, un ratito y una botella de vino de pagés, sin nada artificial, me dice, como su historia pienso.

domingo, 12 de febrero de 2017

Detente si quieres, toma aliento, pero no te vayas

Busco la traducción de Live on Mars de Bowie, me gusta como suena, la música; no entiendo lo que dice, pero cuando la oigo, siento el corazón abriéndose de par en par, triste y desgarrado, pero abriéndose al fin y al cabo, como si una extraña esperanza en medio del desastre apareciera. Una esperanza poco común, una que no es de este mundo que no puede entenderse con los sentidos de este mundo, una esperanza que guiña el ojo en un frame imperceptible. Una esperanza que abre el corazón no por seguridad o confianza, sino por un deber con la vida, un compromiso que canta y luego grita sigue, sigue ahí, detente si quieres, toma aliento, pero no te vayas, no ahora, no te vayas, sigue ahí, aguanta, sí, es ahora, ahora. Y eres tú. Tú y ahora. 


Junto a la tradución hay un mensaje:

"No esperes entender el 100 % de la letra de la canción, debes intentar afinar el oído para distinguir las palabras de la letra, aunque no sepas lo que significan en un primer momento, si escuchas varias veces la misma canción te darás cuenta que la letra se va aclarando en tu cabeza."

Tal vez, se refiera al idioma. Tal vez, a la vida.


"No esperes entender el 100 % la vida, debes intentar afinar el oído para distinguir lo que es vida y lo que no, aunque no sepas lo que significa en un primer momento, si escuchas varias veces te darás cuenta que todo se va aclarando en tu cabeza."

viernes, 27 de enero de 2017

Veintisiete

Sentada en la consulta del dermatólogo, mientras él extiende una receta (me gusta el verbo extender, lo mismo extiendes una toalla en la arena de la playa, como escribes algo tan ausente de belleza como una receta médica), miro sus paredes. Él no cuelga los cuadros con clavos en la pared, sino como si de un museo se tratase una regleta de metal sostiene unos hilos de los que cuidadosamente -imagino- alguien ha colgado los lienzos. Y pienso, claro, a un dermatólogo no le debe gustar manchar, estropear ni agujerear las superficies. La pared como la piel de la casa se mantiene intacta.

Hoy, justo hoy, unos días después de aquellos pensamientos, inicio el tratamiento para cuidar mi piel. La piel de mi casa.
Hoy justo hoy que siento que por momentos se me va a cambiar toda la piel del cuerpo y arrastrada por la lluvía va a acabar en cualquier orilla del río junto a piedras, musgo y remolinos.




jueves, 19 de enero de 2017

Me gusta Jarmusch y no me acordaba cuánto



La cama en el suelo y las sábanas de algodón revueltas, la mesa verde de metal de los desayunos, la ventana que daba al patio compartido, abierta de par en par, el arroz con fresas o la desnudez; tal vez, aquellos días austeros, leer poesía, el amor, las palabras o aquel olor en el aire, no lo sé, no puedo decirlo, pero sentía vivir en una película de Jarmusch. Él se rió mucho cuando se lo dije, pero creo que lo entendió, definitivamente fue eso lo que hizo que me enamorase del todo. 

Me gusta como mira Jarmusch, sentirme en ese universo, bajo esa mirada; posee los ojos de quien sabe contar lo cotidiano y lo hace, los silencios, la lentitud, la contención, la mueca callada de quien no quiere herir, el amor no dicho, pero sentido, cuidado.

He vuelto a enamorarme de la forma en la que mira Jim Jarmusch, como quien ve poesía en todo lo que le rodea, sin pretensión; sin gritarlo ni imponerlo. Desde la más poética y desnuda sencillez. Es poesía y no hace alarde, no es necesario.

Me había olvidado. Me gusta Jarmusch, ya no me acordaba cuánto.
El día 7 de diciembre estrenaron su última película. El día de mi cumpleaños. Hoy la he visto. Paterson. Gracias.

martes, 10 de enero de 2017

Amor a manos llenas, a corazón abierto





Subo las escaleras de metal blanco y ella las baja. Hola, me dice, ¿nos conocemos? No, contesto, creo que no. Tal vez nos hemos visto… No, es la primera vez que vengo. Y ella sonríe. Siento que cree que sí nos hemos visto, no aquí… en algún otro lugar, cuando éramos otras, como si fuera posible coincidir en otras vidas y, además, recordarlo.
Así siempre ha sido mi relación con Adriana, una de las mujeres inspiradoras de este viaje.
A veces, me llama y me pregunta cómo estoy, como si supiera ya como estoy y como si supiera ya que necesito contarle a alguien mis desasosiegos. Como si fuera posible que alguien en la distancia supiera más de una que una misma.
Así es ella, por encima de lo que ocurre y lo que pueden los simples ojos ver. Ella ve más allá. Como las poetas, las artistas, las magas, las sabias.
Un cuerpo vital, una sonrisa amable, una mirada crítica y amorosa a la vez.
La he visto llorar y reír como lo hacen los seres que viven entendiendo las cosas de otra manera, sabiendo leer no sólo entre líneas, más allá de las palabras, los sentires y la misma vida.
Generosa e inteligente, de las que aprenden de sus errores sin más culpa que el saber que el error forma parte del juego.
La recuerdo con su biquini de flores en el río, en mi río, en un ritual hermoso que nos contó que el agua se lo habrá de llevar todo, pero la vida permanece y nosotras estuvimos allí para disfrutarla aún sin entenderla del todo. Amándola.