Si me acompañas

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¿Quién es mi yo? de Ayya Khema
si te apetece, me acompañas.

jueves, 6 de junio de 2019

I+D




M y C han tenido un niño precioso. M trabaja y espera a tomar el permiso de paternidad en unos días. C descansa y está con Q, el recién nacido.
A D, amiga de ambos, se le ocurre crear una parrilla, a modo de horario, en el que los amigos puedan apuntarse en la franja de tiempo que tengan disponible para ayudar a la pareja primeriza. Así C puede descansar y estar por Q todo el tiempo. Y cuando M vuelva del trabajo, puede quedarse hipnotizado ante el cuerpecito de Q y acurrucarse con su nueva familia.

D se lo cuenta a I. Y a ésta le parece una gran idea, decide colaborar aun no siendo tan amiga de M y C. Se apunta en la parrilla, le dan una copia de las llaves de la casa, y el miércoles de doce a seis se presentará allí para lo que surja.
Mientras la madre y el bebé están en la habitación y la gata pasea por la casa, I intenta ver cómo puede ser útil. Así que después de dar la bienvenida a Q a este mundo, saludar a C y darle la enhorabuena, le pregunta sobre qué necesita. Cosas que hace I: Saluda a la gata para que no sienta celos de la nueva situación, prepara comida para C, deja hecho algo ya para la cena, entra en la habitación para charlar un poquito, le pide si puede limpiarle la casa, limpia la casa, toma un libro de la estantería, se prepara un poco de pan con queso, lee y come, acaricia a la gata mientras mediosiestean –la gata e I-, recoge las cosas de la habitación convertida en nido, friega los platos, abre la puerta al amigo que toma el testigo, J. Y se va.

A I le ha gustado formar parte de algo tan sencillo y practico, útil y amoroso, fácil y de ayuda. Al otro lado de la puerta de la habitación una madre cuidaba a su hijo, podía darle además de alimento y sueño, paz, la paz de quien se siente sostenida por una red, un grupo, una familia, una comunidad. Porque las comunidades tienen muchas formas, aunque el fondo de todas esté hecho de amor. Me imagino que en otros tiempos o, tal vez aún hoy, en otros lugares, también se hace eso de cuidar los unos a los otros en la intimidad más profunda del hogar. Y la pieza clave y, a veces, no lo vemos, es dejarse cuidar, abrir tu casa y tu confianza, tu vulnerabilidad y tu espacio a que otros te sostengan. Dejarse amar es todo un viaje, un aprendizaje, porque hablamos de dar, pero hay quien se ofrece a recibir para que la generosidad sea posible, hay quien entrega su fragilidad y la muestra para que otros puedan mostrar su capacidad de algodonar las vivencias.

Como muestra de gratitud, M ofreció la casa que su familia tiene en un pueblo de playa, a D y a I por unos días. De nuevo otras llaves estaban en las manos de I para contarle entre otras cosas que hay muchas personas que ofrecen sus llaves. Con las llaves como con el amor pasa lo mismo, pueden tener formas diferentes, pero se reconocen.
Al llegar al pueblo de playa de M. Esto es lo que vio I. A veces lo esencial se camufla. Hay que estar bien atentos.





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