Como dice Gustavo Martín Garzo en el prólogo: "El arte es el lugar del perdón".
Jonathan tiene 10 años y un día comprende que su casa y su infancia no son lugares idílicos y que, a veces, le gustaría vivir en las tiras cómicas de Schulz, el autor de Charlie Brown.
En el libro, Franzen habla como de pequeño se sentía culpable por todo como Charlie Brown (como yo). Culpable también de las toallitas del fondo del armario de ropa blanca que nunca usa, de la jerarquía dentro de sus canicas preferidas, habla de cómo se siente culpable por el uso que hace de juegos infantiles, cosas pequeñas y sencillas que me recuerdan también a mí y a la culpa como ejercicio cotidiano.
Me hace gracia que la primera vez que Schulz publicó llamaron a su tira cómica Peanuts, que además de cacahuete significa algo sin mucho valor, algo insignificante. Eso le dolió y años más tarde en una entrevista, decía que no lo había perdonado aún siendo un autor de mucho éxito y muy bien pagado... Mi blog se llama Virguería que es exactamente eso: algo sin valor, sin importancia, un Peanuts también.
Este libro tan chiquito como maravilloso habla también de lenguaje, dibujo, zonas templadas, infancia y perdón...
#libros
#charliebrown
Si me acompañas
martes, 10 de mayo de 2022
Zona Templada y Charlie
viernes, 29 de abril de 2022
Julia, no lo leas
Muchas veces hablamos o nos mensajeamos, memeamos (de meme), bromeamos Julia y yo -me viene el Palabras para Julia cantada por Rosalía, serán las Julias muy de contar-, desde la risa o la culpa o la apología o lo que surja, en fn, que nos contamos de la Pereza.
Por eso cuando buscaba un libro a propósito de otra cuestión y vi este título pensé en ella y en su flagrante cumpleaños, y lo compré. Al salir de la librería vi que presentaban el libro aquella misma semana (o la siguiente, el tiempo y sus cosas) y le dije de ir juntas, sin decirle el título del libro, para verla sonreír cuando al desenvolverlo se diera con la pereza de bruces. Ella no podía asistir a esas hora, así que fui yo. De hecho, empecé a leer su libro que aún no es suyo, aunque ayer se lo dedicaran y ya le pertenece un poco más.
Rescato ideas del libro y de la presentación, que escuchaba con mis oídos y un poco con los de Julia. Me gusta, a veces, ponerme en la piel de otros en cosas cotidianas, ¿cómo escucharía mi prima esta presentación conversación? ¿qué le parecería la gesticulación? ¿la velocidad en las palabras, y en la cita de referentes? Me fijo en el qué se dice y en el cómo se dice adaptando varias personalidades, que siempre son la mía, pues son los ojos de Julia, de Paco, de Gabriel pero según la perspectiva que yo tengo de ellos; así que aunque intento escaparme, siempre soy yo.
En fin, que rescato algunos flashes:
La felicidad, entendida como bienestar, es mirarse a una misma sin horror. Que el capitalismo nos quiere cansados, que más perezoso es quien más derecho a la fatiga tiene, ergo el más trabajador sea, probablemente, el más perezoso; que la pereza es y no es un privilegio; que el cansancio es cartográfico y en su mapa hay muchas formas, y que está bien ver las propias, conocerlas, conocerse, sentirse, saberse y disfrutarse.
Que se puede, sin tumbarse, hablar de pereza y que, en esas confesiones, salgan salpicadas la nutrición, los cuerpos, la opresión, el capitalismo, Nietzche, Britney Spears, Rajoy y otras chicas del montón.
Gracias a Juan Evaristo Valls Boix por la inspiración;
a Alicia Valdés por la presentación
y a la editorial Ned por el rato.
lunes, 25 de abril de 2022
Y en un piso que tenía madera por todas partes
París era una fiesta es uno de
mis libros preferidos, lo escribió Hemingway. Es el primer autor
americano, creo, que yo leí. Este libro fue escrito por él en su
juventud, en París, cuando empieza a ser escritor, cuando va a los
bares a tomar café y a escribir. Y conoce a lo que llamaremos después "la generación perdida", aquellos hombres y mujeres que tuvieron que entender la Primera Guerra Mundial.
Tuve una pareja, que cuando
salía por las mañanas y nos despedíamos, me decía: “¿Hoy vas a
hemingwear?” y eso significaba ir a escribir en algún bar,
mientras tomaba café. Pues en París era una fiesta, hay un cuento
precioso que se llama Shakespeare and company, siempre he
querido hacer un cortometraje sobre ese cuento, sobre ese capítulo,
y aún no lo descarto; y es dentro de este cuento, que lleva como
título el nombre de la librería archifamosa, donde hay uno de los
diálogos más sencillos, bonitos y amorosos que yo haya leído. Una
pareja habla de libros, de pasear, de beber vino y hacer el amor.
París era una fiesta llegó a mis manos a través de Luis, cuando ya estaba descatalogado (creo que ahora lo han vuelto a editar), mi edición de Seix Barral es del año 65 y tenía una camisa preciosa que guardé tan bien y con tanto cariño para que no se arrugara mientras leía, que acabé olvidando dónde. Confío que algún día la encontraré como confío que algún día rodaré ese cortometraje.
Shakespeare and company
en París era una fiesta
de Ernest Hemingway.
lunes, 8 de marzo de 2021
Ella a sus ojos era lo mejor del mundo
En los años 30 Val del Omar se enamoró.
Ella a sus ojos era lo mejor del mundo.
Su olor.
Su cabello.
Su presencia.
Ocupaba el lugar exacto entre sus brazos y entre ellos gritaba a los cuatro vientos todo el amor que sentía.
Gritaba tanto que despertaba a los vecinos, gritaba tanto que rompió el cristal de las ventanas.
Estaba tan lleno de amor que a nadie le extrañó que el 3 de mayo de 1932 explotará su corazón en mil mariposas.
viernes, 27 de noviembre de 2020
Voz a domicilio
-hola, ¿puede venir a decirme palabras bonitas?
-es usted hermosa.
-no, no piropos para mí, palabras bonitas, palabras fonéticamente bellas.
-ensoñación, alféizar, tal vez, feldespato, estruendo, lágrima.
-gracias, es usted muy amable.
-cachivache, artefacto, belleza, cocodrilo.
Escena imaginada un viernes tarde en mi nosofá, a propósito de un cartel y la lluvia.
martes, 24 de noviembre de 2020
Lo titulé "Jauja"
Quiero nadar sin guardar la ropa.
Quiero pedirle peras al olmo.
Quiero estar un rato en la luna de Valencia y me gustaría que te vinieras.
Quiero decir “de este agua no beberé” las veces que me dé la gana.
Quiero construir mi casa empezando por las ventanas, será una casa con dos puertas pues no tengo nada que guardar.
Y mientras miro a 101 pájaros volando quiero pedirle a Dios que me ayude también cuando me levante a las 12 y que dé pan a quién tiene dientes y dientes a todos.
Quiero desenmascarar a los gatos que no son pardos y a lo que solo por relucir finge ser oro.
No quiero esperar a vencer en la tercera ni a que venga a cortarme la barba el mismo tipo que se la corto a mi vecino. Y a los tontos que comen pan con pan quiero regalarles chocolate.
Quiero defender a la mona acusada de fea y a la astilla iconoclasta y al que empezó mal. Y al que mal anda quiero proponerle volar juntos.
Quiero mojarme el culo para coger peces.
Quiero hacer hoy lo que quiero hacer hoy.
Quiero poner buena cara haga el tiempo que haga.
Quiero pensar que es verano con solo una golondrina.
Quiero pedir pan y cebolla para 2.
Quiero que no haya gota que colme el vaso, que sobre gustos siga sin haber nada escrito, que el amor no necesites ser ciego.
Y, sobre todo, quiero que si te he visto, me acuerde.
miércoles, 11 de noviembre de 2020
Se llamaba Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, nació el 11 de noviembre de 1821
Dostoyevski es el examen que más recuerdo de la universidad. “Tolstoi o Dostoyevski”: esa fue la pregunta. Literatura rusa, era la asignatura. Ricardo San Vicente, el profesor. Yo estudiante de hispánicas con escarceos por otras tierras literarias.
Dostoyevski es el libro que elegí cuando un amigo me dijo "elige los que quieras", Memorias del subsuelo y también un poemarío de José Hierro.
Dostoyevski fue la casa que busqué en Moscú. Emoción de ver las paredes que habitó. Alexis dice que soy la groupie de Kafka, no sabe que soy la de Dostoyevski también.
Dostoyevski es Los hermanos Karamazov en su versión teatral de 9 horas en polaco con subtítulos en catalán, dirigida por Krystian Lupa, que vi con mi hermana en el Teatre Lliure en el 2005.
Dostoyevski fue la caja de música que Oleg hizo para mí.
Dostoyevski fue saber que se puede sentir de una determinada manera que parece locura, pero que no debe serlo tanto, porque otros estuvieron ya ahí.
Dostoyevski fue (y será, una nunca deja de amar a quien amó) uno de mis grandes amores literarios y espirituales.
Hay muchos acontecimientos en su vida que me fascinan, tal vez el que marca el punto de inflexión el que más.
Colaborar con grupos liberales y revolucionarios en la Rusia zarista le lleva a ser condenado a muerte y está a dos minutos de ser fusilado con plena consciencia del instante. “No puedo creer que me vayan a fusilar”. Es indultado, junto a todos sus compañeros. Recién rebocada la condena escribe a su hermano. Ante la muerte que parecía inminente sus últimos recuerdos habían sido para Mikhail, uno de sus seis hermanos, y para los hijos de este, y siente en ello que lo ama, “te quiero, amado hermano mío”, y así se lo escribe en una carta antes de ir a la cárcel en Siberia, donde leerá por primera vez el Antiguo Testamento y, probablemente, los Evangelios.
10 años le costará la condena de trabajos forzados y estancia en una cárcel siberiana en el siglo XIX. Hasta 1857 no recuperará por completo su libertad. Tiene 36 años cuando retoma la fama que con Pobres gentes había probado a sus 24.
Luego llegará su Crimen y castigo y todo lo demás...


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